lunes, 22 de julio de 2019

Día 17 de #30díasdeescribirme: escribí acerca de algo que no te gusta hacer


Lo que menos me gusta hacer es tomar decisiones, de cualquier tipo, desde elegir entre comer comida japonesa o comida callejera hasta escoger cuál es la mejor opción para el cuidado de mi hijo en las tardes.

Normalmente tengo bastante claro qué es lo que quiero, pero a pesar de esto tiendo a pensar mucho en los aspectos negativos de lo que quiero y en lo positivo de lo que estoy dejando de lado. Y entonces una especie de torbellino se estaciona en la boca de mi estómago cuando comienzo a imaginar qué podría pasar si elijo una opción incorrecta, ¿y si el pescado con el que hacen el sushi no está fresco?, ¿y si la niñera que contrate resulta ser una sociópata molestadora de niños? Y empiezo así a preferir la otra opción, la que no me dice el corazón, y repito el ciclo una y otra vez hasta que ya tengo el tiempo encima, cierro los ojos y hago un Tin Marín de dos Pingüé

Resulta para mí paradójico, siendo tan dominante como soy, que a veces desee tener a alguien que siempre tome decisiones por mí, que elija mi ropa, mis empleos, mis amistades, mis gustos, los sitios que visito, los gastos que hago y hasta la comida que como. Quizá ese alguien es el destino, ¿será que verdaderamente nuestra vida está escrita y que no importa lo que hagamos, el resultado siempre será el mismo?

Día 16 de #30díasdeescribirme: describí el clima de tu mundo imaginario

En mi mundo hay estaciones, cuatro y bien marcadas, sin temperaturas muy extremas, pero tan variables como para tener al menos dos juegos de guardarropa.

En verano hay temperaturas máximas de 33 grados, cielos azules y despejados y vientos suaves y constantes que hacen llevadero el calor.

Cuando entra el otoño las temperaturas caen  con mínimas de 9 grados y lluvias casi toda la estación, pero no cualquier lluvia, tormentas eléctricas que iluminan el cielo entero con rayos que dibujan figuras que nacen en el cielo y terminan en el mar, son un espectáculo que atraen miles de turistas cada año.

El invierno es frío, bastante frío, temperaturas mínimas de -12 grados y máximas de 14, pero el cielo está despejado y el solo brilla siempre para recordarnos que hay vida y que en la vida todo pasa. La nieve cubre las praderas de manera intermitente y algunos árboles se niegan a deshojar por completo dando un fuerte ejemplo de resiliencia.

La primavera es siempre perfecta, máximas de 23 grados y mínimas de 14 muy poca lluvia, nubes blancas como algodón con lloviznas intermitentes que llenan de color las praderas y los campos.

viernes, 19 de julio de 2019

Día 15 de #30díasdeescribirme: escribí acerca de un perro que haya formado parte de tu vida (y aprendé a recordar en imágenes)


Haz una lista de 10 perros que hayan estado en tu vida

1.       Tala
2.       Kenya
3.       Dana
4.       Pancho
5.       Golo
6.       Cuina
7.       Honey
8.       Khumba
9.       Cazón
10.   Romeo

Elige uno y responde las preguntas

-          ¿Dónde estás?
o   Estoy en mi casa en Venezuela
-          ¿Qué momento del día es?
o   Es de noche.
-          ¿Qué edad tienes?
o   23 años
-          ¿Por qué estás ahí?
o   Estoy llegando de estudiar en casa de Daniela
-          ¿Qué estás haciendo?
o   Entrando a mi casa
-          ¿Hay alguien que se acaba de ir o que puede estar por llegar?
o   No
-          ¿Cómo está la temperatura?
o   ¡Perfecta, como siempre en mi Caracas bonita!
-          ¿Qué objetos hay en la imagen?
o   Mi piano, la telefonera, portarretratos, muebles, mesas, plantas

¿Qué ves desde cada ángulo de la imagen?

Estoy en el medio del hall de entrada de mi apartamento en Caracas.

A mi derecha: a mi derecha está mi Piano vertical marca Gerbstadt, y encima de él portarretratos con fotos familiares.

A mi izquierda: Una telefonera de madera con un cojín.

Frente a mí: Tala, la sala, los muebles, mi hermana, Antonio y quizá Marcela.

Detrás de mí: la puerta de entrada de mi casa, un espejo.


Escribe durante 8 minutos acerca de la imagen en tiempo presente:

Estoy entrado a mi casa, llegando de estudiar en casa de Danielita. Ahí viene, una bolita chiquitita, blanca con negro que parece no caminar muy bien. Se ve torpe, no entiendo si salta o camina. Estoy viendo anonadada a mi hermana. No entiendo. Desde la sala mi Érika me sonríe con esa boca grandota, con esa sonrisa hermosa que muestra hasta los premolares. Está feliz porque me está sorprendiendo. En otro mueble de la sala está Antonio, sentado con piernas y brazos cruzados, una media sonrisa y su típica mirada sobrada que delata su ego sin límites. A su lado, Marcelita, todavía inocente, sonríe tan grande que sus ojos se vuelven una raya horizontal, está aplaudiendo de la alegría. Detrás de ellos la jardinera, llena de matas verdes, pero sin flores. Estamos todos felices, Marcela por vernos felices, Antonio porque siente que todas estamos felices gracias a él, pero mi hermana y yo estamos felices porque tenemos algo en común, no sabemos cómo haremos, pero amamos muchísimo a Tala, apenas llegó hoy, pero sabemos que en un rato nos sentaremos a hablar por horas de todo lo que haremos con y para ella.

jueves, 18 de julio de 2019

Día 14 de #30díasdeescribirme: escribí un evento de tu vida de atrás para adelante


Nos unimos los tres en un largo abrazo luego de tres largos meses separados. Minutos antes habíamos estado esperando la única maleta que me llegó, de las cuatro que chequeé en Venezuela. Estábamos cansados, el viaje fue una hora más largo de lo esperado. Horas antes estábamos estacionados en el aeropuerto de Lima, donde tuvimos que hacer una parada por combustible puesto que el avión no tenía la autonomía para hacer un vuelo directo. Así me habían informado unas 12 horas atrás cuando en La Guaira me despedía de mis papás y mis sobrinos sin saber cuándo volvería a verlos

miércoles, 17 de julio de 2019

Día 13 de #30diasdeescribirme: escribile una carta a tu yo del pasado


Estimada Eileen de 23 años,

Soy tu yo del futuro y te escribo estas líneas porque quisiera pedirte que hicieras dos cosas diferente a como las hice yo – o sea, tú – cuando tenía tu edad. Antes de decidirme a escribir me aseguré de que los consejos que te voy a dar no van a cambiar las cosas significativas que pasarán en tu vida los próximos doce años, porque mi presente no lo cambiaría por nada.

Lo primero que te quiero pedir es que no renuncies a Intergraph, sé que el dinero te parece ahora importante y que un aumento del 30-40% puede parecer una buena oportunidad, pero créeme, que a largo plazo te conviene más quedarte ahí, haciendo una carrera que te abrirá posibilidades dentro y fuera de Venezuela. Recientemente estuve un año sin trabajar, no te puedo contar por qué, pero me costó mucho conseguir trabajo nuevamente porque me di cuenta de que sé muy poco de muchas cosas, que no soy especialista en nada y cuando veo hacia atrás, el trabajo en el que me sentía más motivada y más intelectualmente retada fue en Intergraph. Así que, si decides confiar en mí, aguanta que probablemente te vaya mejor de lo que me ha ido a mí.

Otra cosa que me gustaría que hicieras diferente, o que simplemente hicieras, es que ahorres en dólares, los bolívares cada vez valdrán menos y tus posibilidades de independencia se irán cerrando. Viaja y aprovecha ese control de cambio, se más atrevida, si quieres cuéntale a Chris de esta carta, porque es muy probable que quiera convencerte de que es muy arriesgado.

Eileen, don´t get me wrong, soy muy feliz, pero mi camino ha sido atropellado y creo que estas dos cosas que te aconsejo pueden hacer que tu camino desde allá hasta acá sea más sencillo.

No tengo ni idea como funciona esto de viajar en el tiempo y comunicarse con su yo del pasado, no sé si al día siguiente de que leas esta carta amaneceré y tendré una base de ahorros más solidas y todavía estaré trabajando en Intergraph, o si, por el contrario, vivimos en mundos paralelos y yo seguiré mi vida con el pasado tal como lo conozco hoy.
Sé feliz, aférrate a Christian, es lo que me ha mantenido entera todo este tiempo.

Un abrazo.

Tu yo de 35 años.

martes, 16 de julio de 2019

Día 12 de #30diasdeescribirme: elegí un objeto de tu casa. Escribí su historia.


Mi casa tiene muy pocos objetos, hace poco más de un año nos mudamos de Caracas a Santiago de Chile y dejamos todo atrás. En este año hemos ido comprando, poco a poco, algunas cosas, pero por algun motivo no siento una conexión muy profunda con ninguno de los objetos de mi casa, casi todos son de mi hijo y hoy quisiera hablar de alguno que signifique algo para mí. Con la intención de continuar en mi práctica de escritura, elegí entonces describir a mi pañal de tela, un pedazo de trapo que me acompañó hasta mis 32 años.

No podría decir en qué momento llegó mi pañal a mi vida, porque desde que recuerdo él estaba ahí, doblado debajo de mi almohada para que, como cada noche, antes de dormir, lo tomara en mis manos, lo oliera profundamente, comenzara a pasarlo entre mis manos para moldearlo y hacer de él una bolita lisa, doblarlo en tantas mitades como pudiese y blandirlo de un lado a otro como pañuelo de mujer que se despide en el puerto de su amado para finalmente volver a olerlo profundamente y repetir todo el ritual hasta quedarme dormida.

Mi pañal ha tenido varias formas y colores, porque murió, fue al cielo y reencarnó varias veces, siempre volvió a mí. En su primera vida mi pañal era un rectángulo blanco y en sus lados más largos tenía flequillos que me pasaba por el borde de mis labios. Cuando era niña no comía nada, siempre estuve muy baja de peso, el desayuno que mi mamá me enviaba al colegio regresaba intacto, al llegar a la casa apenas provaba bocado, recuerdo que pasaba al menos una hora sentada en la mesa moviendo los granos de arroz de un lado del plato a otro para solo llevarme el cubierto a la boca cuando mi mamá se asomaba por la cocina vociferando que hasta que no comiera no me pararía de la mesa. Lo único que recuerdo haber tomado con gusto era mi tetero, mi Sustagén. Una fórmula con muchísimas vitaminas y minerales concentrados que mi mamá me daba en la mañana y en la noche para evitar que cayera en el rango de los niños desnutridos. Mi tetero lo sujetaba con una mano mientras con la otra agitaba Mi Pañal como una bandera de un lado a otro. A veces envolvía el tetero con Mi pañal para que se pusiera calentito y luego ponerlo junto a mi cara. Era feliz cuando tomaba tetero, era feliz con mi pañal.

Muy a pesar de mi mamá y de su empeño en que fuera una niña dura que no llorara, siempre me gustó el drama, lloraba – y lloro – muchísimo, por cualquier cosa, por dolor, por tristeza, por manipulación, porque mi hermana no me dejaba entrar en su cuarto o porque mi mamá no me compraba alguna muñeca de moda. Lloraba también por ira, especialmente cuando luego de cenar, me cepillaba los dientes, convencía a mi mamá de que me dejara dormir con ella en su cama, iba a mi cuarto a buscar a mi Pañal debajo de mi almohada y lo encontraba ahí, blanco, limpio e impoluto. “Mamáaaaaaaaaaaa, ¿por qué me lavaste mi pañal?” le preguntaba furiosa. Cada vez que lo lavaba, el agua arrebataba de mi pañal su esencia, su olor. “Porque estaba inmundo, Eileen. Y si te pones a llorar mucho, te lo echo a la basura”.

Mi Pañal sufrió su primer deceso cuando yo tenía unos once años. Una señora de servicio lo confundió con un trapo de limpieza y lo usó para restregar aceite de Teka sobre nuestra mesa de comedor. Asumí mi pérdida con dignidad, creo que no lloré, pero me costó mucho acostumbrarme a dormir sin Mi Pañal.

Deben haber pasado unos cinco o seis años antes de que Mi Pañal reencarnara en un nuevo cuerpo y volviera a mí. Esta vez tenía la misma forma, pero no era blanco, tenía pinticas azules y me lo dio mi tía María, era el trapito de los morochos y quiso regalármelo a mi porque olía muy rico, olía a sus bebés. Lo recibí feliz y como ya era una tarajalla, mi mamá ni intentó en evitar que lo tuviera. Ya estaba en la universidad, pero nuestro ritual era el mismo. Como si el tiempo no hubiese pasado Mi pañal volvió a jugar entre mis manos para hacer figuras lisitas que se sintieran suaves al pasarlas por mi cara, lo metía dentro de mi franela y lo dejaba reposar entre mis senos mientras veía televisión. Era feliz cuando estábamos juntos, en trance, y me importaba poco lo que dijera la gente acerca de nuestro reencuentro y de lo absurdo que era que hubiese adquirido de nuevo el “mal hábito” de tener un pañal.

Su segunda vida debe haber durado unos 5 años más, supongo que para esa época ya no los fabricaban igual, o quizá nuestros juegos ya no eran tan delicados como cuando tenía once años, porque esta vez yo misma enterré – eché a la basura - a mi pañal cuando empezó a deshilacharse y a desmembrarse. Esta despedida fue más llevadera, sabía que volvería a mí.

Y no me equivoqué, yo tenía unos veintiséis o veintisiete años cuando, luego de una o dos botellas de ron, le pedí a una amiga que me diera en adopción al pañal de su recién nacido hijo, Matías. Fue así como Mi Pañal y yo nos reencontramos una tercera vez, ya yo estaba graduada de la universidad y tenía novio, así que por primera vez le tocó compartirme con otro. Nuestros rituales se repetían como si aun tomara tetero, solo que ahora nuestro juego incluía fastidiar a mi novio, quien, a pesar de aceptar mi extraña posesión, me pedía que por favor lo mantuviera lejos de él.

La siguiente, y última despedida hasta ahora, ocurrió cuando ya tenía 32 años. Esta vez Mi pañal no estaba tan desgastado como en su vida anterior, pero su olor ya no me parecía tan agradable y además me convertí en mamá y comencé a ver a mi amigo como a un foco importante de gérmenes y bacterias para mi bebe. Me gustaría decir que hice algún tipo de ritual, pero la verdad nunca fui tan romántica, creo que lo eché de nuevo a la basura, porque me parecía muy doloroso usarlo como trapo para limpiar.

Hoy escribo esto y sonrío al pensar que quisiera que nos reencontráramos de nuevo.

lunes, 15 de julio de 2019

Día 11 #30díasdeescribirme: Empezá con “me acuerdo de”


  •          Me acuerdo de que el primer día de clases en mi colegio me puse la chemise al revés y mi mamá me explicó que, para ponérmelas bien, las tengo que colocar primero de “espaldas” a mí en la cama.
  •           Me acuerdo de que mi primer beso supo a chocolate y a mi no me gusta el chocolate
  •           Me acuerdo de la vez que Gaby pidió 300 Kg de queso paisa en el auto mercado
  •           Me acuerdo del olor de mi hermana durante sus últimos días, no se podía bañar a diario y tenía un olor un poco rancio.
  •           Recuerdo el día que mi papá se volvió loco y amenazó a mi mamá con una pistola, yo dormía en mi cuarto y escuché un murmullo furioso cuando mi mamá le abrió la puerta.
  •           Recuerdo también el día que le fue a pedir perdón de rodillas y ella lo perdonó.
  •           Me acuerdo de que, como regalo de despedida, Sarina me regaló muchas polvorosas.
  •           Me acuerdo de la primera vez que vi a Michelle en el Madre Matilde
  •           Me acuerdo de que la primera vez que besé a Nicolás estaba lleno de esa grasita blanca.
  •           Me acuerdo la primera vez que Christian y yo nos besamos, fue frente a su casa y estábamos en el Ford Fiesta blanco de mi hermana.
  •           Recuerdo la primera vez que hice el amor con Chris, fue en casa de Ricardo en Santa Paula.
  •           Recuerdo que salí corriendo a recibir a Anita en el pasillo cuando me vino a visitar a Chile.
  •           Recuerdo cuando el Dr. Salomón me dijo en su oficina fría y oscura a mi hermana le quedaban días de vida, nunca sentí un dolor tan grande.
  •           No me acuerdo de todas las comidas que cominos en St. Kitts.
  •           Me acuerdo de que Norbert corrió a despedirse de mi en Maiquetía cuando estaba a punto de ingresar.
  •           Me acuerdo el día que mi tío Juan Carlos se llevó a Norbert por unos días y lo fuimos a visitar en casa de mi abuela Lulú
  •           Me acuerdo lo perdida e incompleta que me sentía antes de enamorarme de Chris.