sábado, 6 de julio de 2019

Día 2 de #30díasdeescribirme: Escribe un fragmento de tu autobiografía y mentí en algunas cosas

El último año de bachillerato lo viví intensamente, fui egoísta y decidí pensar poco acerca de lo que pasaba en mi casa. Mis padres se habían separado el año anterior porque mi mamá finalmente se dio cuenta que podía conseguir a alguien que le hiciera sentir lo que mi papá alguna vez le hizo sentir y además de eso, mi hermana fue diagnosticada con cáncer de mama apenas seis meses antes de mi graduación.

Me cuesta recordar lo que sentía por la enfermedad de Erika, no le di la importancia que debía, en mi inmadurez y egoísmo pensé que no era necesario preocuparse, que ya ella estaba recibiendo su tratamiento y que se curaría. Preferí ignorar las caras largas de preocupación de mi mamá y asistir a cada fiesta, a cada verbena, a cada reunión y a cualquier otro bochinche que organizábamos con la excusa de que en pocos meses nos graduaríamos y había que aprovechar al máximo el tiempo con las amigas. Ya habría tiempo para compartir con Érika. Si tan solo hubiera sabido...

Mi mamá por su parte distribuía su atención entre mi hermana y las discusiones con mi papá; mientras mi insolencia crecía y crecía con la intención de tratar de tener al menos un poco de su tiempo. Pero no lo logré, yo estaba sana, y con garantizar que comiera y estudiara era suficiente para ella. Me dolía mucho su falta de atención, pero en el fondo entendía sus razones y antes de sentarme con el corazón en la mano y explicarle lo que sentía, preferí pasar fines de semana enteros en casa de Maria Alejandra, mi hermana elegida, la que me entendía sin yo explicarle, la que leía mi mente y me permitía leer la suya. Maria Alejandra y yo teníamos conversaciones en silencio, nos abrazábamos sin hacerlo y me entendía cuando ni yo misma podía hacerlo. Su amistad salvó mi vida.

Por alguna razón que desconozco, me eligieron para dar el discurso de graduación, pasé varias semanas escribiéndolo y cuando se lo entregué a Sor María del Carmen para que me diera su aprobación, me dijo que estaba muy largo, que debía reducirlo al menos a la mitad. Lo intenté, pero no quería quitarle ni una letra a lo que había escrito, así que el día de la graduación le entregué a ella una versión corta y cuando me subí a la tarima leí la versión original, par de hojas tamaño carta escritas por delante y por detrás. Muchos me felicitaron y me dijeron que los hice llorar, pero yo solo recuerdo cuando mi hermana me dijo, años después, que a ella ni la nombré.

Mi último año de colegio lo viví intensamente, al igual que muchas de mis amigas. Pero ellas lo hacían por la euforia de cerrar una etapa, yo lo hice para escapar de la adultez que estaba empeñada en llegar a mi vida antes de tiempo.

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