miércoles, 24 de julio de 2019

Día 20 de #30díasdeescribirme: escribí acerca de un lugar que amás


Mi lugar favorito… soy una persona simple, quizá hasta aburrida, tengo pocas pasiones, no tengo color favorito, ni comida favorita, recientemente me forzaron a escoger una canción favorita, y me costó bastante. Al empezar a pensar en mi lugar favorito mi primera opción fue la playa ¡Qué Cliché¡, pensé de inmediato, pero intenté hacer un esfuerzo a ver si podía al menos pensar en una playa en específico que pudiera describir y hacer a quien me lea, o sea, nadie enamorarse de esa playa conmigo. Nada. Todas las playas me gustan, hasta las de Chile que tienen agua helada que entumece el cuerpo. Estaba resignada a escribir cualquier cosa de las playas en general, total a casi todo el mundo le gusta la playa, sería fácil lograr empatía, pero de repente pensé en un lugar al que sin duda me gustaría volver y se que, si vuelvo a ir, lo disfrutaría muchísimo más de lo que lo disfruté hace años.
A mediados de los noventa mi tía y su esposo compraron una Finca en el Estado Guárico y mi papá la administró por varios años. La finca fue nuestro sitio de vacaciones durante todos esos años, fui incluso siendo adulta con mis amigos e la universidad. La finca era enorme, con colinitas pequeñas que cambiaban de color, verde intenso en época de lluvia y amarillo opaco en los meses de sequía. Había muchísimas cosas que hacer, montar caballo, caminar, sembrar, arrear ganado, bañarse en la laguna, regar las matas, vacunar el ganado y lo que a veces más disfrutaba: hacer nada, acostarme en una hamaca a esperar que el viento la moviera y me meciera.
Siempre dije que al entrar a la finca uno atravesaba un portal del tiempo, las horas transcurrían considerablemente más lento de lo normal, había tiempo de hacer muchísimas cosas y a la vez de hacer nada. Me podía levantar un día, desayunar, ponerles comida a los caballos, ensillarlos, ir a caballo, hasta la laguna, sentarme a la orilla a lanzar piedras o a pescar con algún nailon, subir de nuevo al caballo y terminar de recorrer todos los potreros, regresar al caballo a sus establos y volver a la casa para ver que aún eran las 10 de la mañana. ¡Cuánto me serviría ahora esa lentitud del tiempo!
Me encantaba ir, íbamos al menos una vez al mes. ¡Ojalá pudiera volver! Esa finca es, sin duda, mi lugar favorito, por el tiempo, por los recuerdos, por lo que fue y por lo que pudo ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario