martes, 30 de julio de 2019

Día 25 de #30díasdeescribirme: escribí acerca de un tema del que no tenés ni idea. Inventá todo.


La fabricación de la témpera es un proceso sencillo, pero sumamente costoso ya que para conseguir los colores es necesario entrar a un mundo desconocido a través de un portal que se abre cada cuarenta y siete mil quinientos ochenta segundos en algún lugar de la selva amazónica venezolana.
Para entrar al mundo desconocido no basta con estar en el lugar indicado en el momento indicado. Los Recolectores de Colores deben ser personas que recientemente hayan pasado por una gran desilusión y que al momento de cruzar sientan un inmenso dolor. Los fabricantes de témpera pagan millones de dólares a los hospitales psiquiátricos para obtener las bases de datos de los pacientes y poder así seleccionar a los recolectores.
Al cruzar el portal el recolector entra a un mundo con más colores que la fábrica e Willy Wonka, en la entrada del mundo desconocido lo primero que debe hacer es pasar por la taquilla de bienvenida y retirar una lista de 13 colores requeridos y una tarjeta con dos instrucciones. La primera le indica al recolector tendrá una semana para conseguir árboles cuyas hojas sean de algún color de la lista y sentarse bajo su sombra a leer algunos de los libros que le entreguen las ardillas mágicas que habitan en las ramas de cada árbol, el recolector no lo sabe, pero en cada libro hay mensajes importantes que lo ayudará a superar la crisis que está atravesando. Y la segunda instrucción le indica al recolector que bajo ningún concepto debe llorar.
Una vez transcurrida la semana el recolector debe dirigirse al Cuarto Arcoíris, una habitación con vista panorámica a todo el mundo desconocido donde podrá sentarse a escribir acerca de sus pesares y de lo que ha aprendido durante su semana de recolección. Junto a la ventana hay un escritorio de cristal y una libreta de hojas. En la primera página se lee la última instrucción: “A partir de este momento usted puede llorar, recoja sus lágrimas en los recipientes que se encuentran junto a la ventana”.
Algunos recolectores tardan más que otros, pero todos lloran y sus lágrimas son de colores, del color de cada árbol en el que se sentó a leer.
Es así como se fabrica la témpera, curando almas.

lunes, 29 de julio de 2019

Día 24 de #30díasdeescribirme: escribile a alguien que ya no está


Mi bellísima y coqueta Abuela Lulú,
Te fuiste de repente y no recuerdo la última vez que te vi viva. mi mente traicionera eligió recordad, en cambio, la imagen de tu cuerpo inerte en el sofá incomodísimo de tu casa. Me avisó mi Tía Mary “tu abuela está muy mal” me dijo, pero creo que cuando me llamó ya sabía que habías muerto. Llegué a tu casa y me abrió la puerta mi hermana, en planta baja. Fue seca, sin mucho sentimiento, te había visto morir y supongo que no quería decírmelo.
Desde que te fuiste han pasado muchísimas cosas, la verdad es que siento que tu familia se ha desmoronado y eso me provoca una inmensa tristeza. Nació el hijo de mi tío Juan Carlos, y desde que tiene 8 meses el bebé vive con mi mamá. Ha sido una batalla sinfín entre nosotros y mi tío, secundado por mi tía Zuli. Sé que, si aun vivieras, esto te haría sufrir muchísimo y seguramente tomarías el lado de mi tío. Pero te juro que Norbert está mejor con nosotros, mi tío no está en la capacidad de cuidarlo, está ciego de orgullo y de soberbia.
Norbert tiene ya casi 8 años, es el niño más dulce que conozco y poco antes de los dos años, eligió a Érika como mamá. Y te digo que la eligió, porque nunca fue nuestra intención que eso pasara. Él solito, de repente, comenzó a decirle Mamá. Norbert está bien, y me gusta pensar que es feliz, aun cuando se empieza a perturbar por las batallas a su alrededor. En su cortita vida ha tenido que sufrir mucho, cuando tan solo tenía 4 años murió Érika y se quedó sin su mami, la que nadie le impuso, la que él escogió. Su mami de corazón. Desde entonces mi mamá ha estado haciendo una labor impecable de crianza, es muy admirable como, con edad de ser abuela, ha vuelto a ser mamá. Eso me hace amarla cada vez más.
La muerte de Érika nos golpeó a todos profundamente. Su último año de vida fue un año sumamente oscuro para todos, vimos como su salud fue disminuyendo y como su vida se nos escapaba de las manos. Ella, en cambio, no perdió la fuerza, luchó hasta su último aliento. Por muy desgarrador que fue verla lanzado bocanadas para tratar de que el aire llegara a sus pulmones, resultó verdaderamente admirable ver como no se rindió aun cuando sabía no podía ganar la pelea. La lloramos muchísimo, yo aun la lloro y creo que la lloraré toda mi vida. No supero su partida y dudo poder hacerlo nunca, tan solo me he ido acostumbrando a vivir con este dolor agudo que me adormece el cuerpo cada vez que la pienso.
Buena parte de tus nietos vivimos ahora fuera de Venezuela. El chavismo nos corrió a toditos. Simón Alberto vive en Valencia (España), Alejandro y Beto viven en Estados Unidos, Raúl vive en Londres, Sami en Barcelona (España) y yo en Chile. Estamos regados por el mundo, pero la tecnología nos mantiene más o menos unidos. En Venezuela quedan Carol, Heidy, Alvaro José, las dos nenas menores de mi tío Álvaro, Norbert y Antonio.
Tuve un hijo, abuela. Se llama Nicolás y sonrío cada vez que pienso lo mucho que lo querrías y lo babeada que estarías por él. Es un catire hermoso, inteligente y ocurrente, se ha adaptado muy bien al cambio de país y me invita cada día a ser una mejor persona. Christian y yo estamos bien, felices, creciendo, venciendo juntos cada obstáculo que se nos presenta y celebrando cada meta alcanzada.
¡Soy feliz, abuela! Soy muy feliz. Hay cosas que ensombrecen mi alegría, pero trato de dejarlas a un lado y ver las cosas buenas que me ha dado la vida.
Tú, ¿cómo has estado? ¿Te encontraste con mi hermana?
¡Te amo mucho!

viernes, 26 de julio de 2019

Día 23 de #30díasdeescribirme: cómo te parecés a tu mamá


Mi mamá es alta, morena, de cabello rizado y facciones bastante finas. Yo en cambio no soy alta, soy muy blanca, mi cabello es liso y mis facciones no son tan finas como las de ella. Físicamente sólo nos parecemos en la boca, grande y amplia, tan amplia que cuando sonreímos se nos ven los premolares.

De carácter nos parecemos más, sobre todo desde que me convertí en mamá. Con el tiempo he visto repetidas en mí muchas de las cosas de mi mamá que me molestan. Por suerte mi esposo me ayuda a identificarlas y a atenuarlas. Ambas somos impacientes, dominantes y nos empeñamos en que las personas entiendan nuestro punto de vista, mi mamá no descansa hasta que los demás le dan la razón, yo he aprendido a elegir mis batallas. A las dos nos molestan enormemente las injusticias y solemos ponernos siempre en el lugar del otro. Hasta mis 23 o 25 años, peleaba férreamente por cualquier cosa que me pareciera injusta, gracias a Christian aprendí que hay cosas que no se pueden cambiar y que no vale la pena el desgaste. Mi mamá sigue dejando su energía entera en cada injusticia que identifica. Tanto ella como yo somos honestas y frontales, a veces decimos más de lo que debemos.

Como mamá me he pillado repitiendo patrones que me molestaban muchísimo desde el rol de hija, e incluso he reconocido en mi hijo los sentimientos que despertaban en mí las acciones de mi mamá. Cada vez que esto pasa doy un paso atrás y trato de explicarle a mi cachorro el por qué de lo que hago o lo que digo y le pido disculpas si es necesario, casi siempre es necesario.

Otra cosa terrible que heredé de mi mamá es la mínima tolerancia a los ruidos repetidos, no tolero el sonido de los pasos arrastrados, si hay alguien jugando cerca de mi a abrir y cerrar su bolígrafo de manera repetitiva, busco la manera de hacerle saber que el ruido es molesto, cuando mi esposo silva alguna canción por más de 30 segundos, siento un grito de desespero subir desde la boca de mi estómago hasta mi garganta, donde la mayoría de las veces lo ahogo y lo disfrazo con un “bello, puedes parar por favor”
Me parezco mucho a mi mamá, más de lo que quisiera, pero creo que resulta inevitable pues la genética está potenciada por la crianza. Así que me toca trabajar a diario por identificar lo que no me gusta y tratar de mejorarlo.

jueves, 25 de julio de 2019

Día 22 de #30díasdeescribirme: escribí el monólogo interno que experimentás cada vez que te sentás a escribir


Eileen, ¿terminas este reto de treinta días y qué? Vas a dedicarte a ser escritora, de qué quieres escribir, tu vida es muy aburrida, no has tenido experiencias interesantes que te hagan escribir algo interesante. Estás perdiendo el tiempo, deberías ponerte a editar el libro de Érika.

Mañana voy a tener que comer afuera porque hoy voy a llegar tarde del doctor y me va a dar mucha flojera cocinar. La comida que queda ahí la dejo para que se la coman Nico y Yeya.

Mi manera de escribir es muy sencilla, no tengo buena narrativa y todo lo cuento en formato de journal, debería hacer un curso de escritura, que me ayude a estructurar mis ideas. El libro infantil también tengo que arrancarlo, le pedí a Mariale que lo ilustrara, sería hermoso poder hacerlo.

Ya se me va a acabar el tiempo, quisiera tener la disciplina para escribir en casa y no tener tantas interrupciones en el trabajo. Bueno, al menos he logrado escribir todos los días desde hace 21 días.

Tengo que conseguir un papel bonito para hacer el disparador de hoy, que lo tuve que saltar.

miércoles, 24 de julio de 2019

Día 20 de #30díasdeescribirme: escribí acerca de un lugar que amás


Mi lugar favorito… soy una persona simple, quizá hasta aburrida, tengo pocas pasiones, no tengo color favorito, ni comida favorita, recientemente me forzaron a escoger una canción favorita, y me costó bastante. Al empezar a pensar en mi lugar favorito mi primera opción fue la playa ¡Qué Cliché¡, pensé de inmediato, pero intenté hacer un esfuerzo a ver si podía al menos pensar en una playa en específico que pudiera describir y hacer a quien me lea, o sea, nadie enamorarse de esa playa conmigo. Nada. Todas las playas me gustan, hasta las de Chile que tienen agua helada que entumece el cuerpo. Estaba resignada a escribir cualquier cosa de las playas en general, total a casi todo el mundo le gusta la playa, sería fácil lograr empatía, pero de repente pensé en un lugar al que sin duda me gustaría volver y se que, si vuelvo a ir, lo disfrutaría muchísimo más de lo que lo disfruté hace años.
A mediados de los noventa mi tía y su esposo compraron una Finca en el Estado Guárico y mi papá la administró por varios años. La finca fue nuestro sitio de vacaciones durante todos esos años, fui incluso siendo adulta con mis amigos e la universidad. La finca era enorme, con colinitas pequeñas que cambiaban de color, verde intenso en época de lluvia y amarillo opaco en los meses de sequía. Había muchísimas cosas que hacer, montar caballo, caminar, sembrar, arrear ganado, bañarse en la laguna, regar las matas, vacunar el ganado y lo que a veces más disfrutaba: hacer nada, acostarme en una hamaca a esperar que el viento la moviera y me meciera.
Siempre dije que al entrar a la finca uno atravesaba un portal del tiempo, las horas transcurrían considerablemente más lento de lo normal, había tiempo de hacer muchísimas cosas y a la vez de hacer nada. Me podía levantar un día, desayunar, ponerles comida a los caballos, ensillarlos, ir a caballo, hasta la laguna, sentarme a la orilla a lanzar piedras o a pescar con algún nailon, subir de nuevo al caballo y terminar de recorrer todos los potreros, regresar al caballo a sus establos y volver a la casa para ver que aún eran las 10 de la mañana. ¡Cuánto me serviría ahora esa lentitud del tiempo!
Me encantaba ir, íbamos al menos una vez al mes. ¡Ojalá pudiera volver! Esa finca es, sin duda, mi lugar favorito, por el tiempo, por los recuerdos, por lo que fue y por lo que pudo ser.

martes, 23 de julio de 2019

Día 19 de #30díasdeescribirme: describí tus rituales matutinos en tercera persona


Su despertador sonó 30 minutos antes de la hora en la que realmente necesitaba levantarse, como siempre. Presionó el botón de Snooze y se volteó para abrazar a su esposo, pero no, en la cama había un intruso, su hijo de seis años volvió a pasarse en la noche. Sonrió y lo abrazó a él entonces. Media hora después y luego de tres ciclos de Snooze se bajó de la cama y puso sus pies en el helado piso de su cuarto, “tengo que comprar una alfombra”, pensó. Fue al baño, orinó y se lavó la cara tan rápido como pudo “Un poco más fría y sale hielo”, dijo en voz baja. Salió del baño, se sentó en su cama de nuevo y tomó el teléfono para revisar cómo estaría el clima ese día, “que no haga tanto frío, que no haga tanto frío”, repitió como un mantra con los ojos cerrados. Corría el invierno, por supuesto que haría frío. Así que lanzó el teléfono sobre la cama y se fue a poner la ropa del gimnasio, la más abrigada que tenía. Se vistió en menos de dos minutos y se fue a la cocina a preparar su desayuno y dejar listo el de su esposo y el de su hijo, que seguían durmiendo calentitos en la cama. Luego de desayunar fue a su cuarto a buscar su bolso del gimnasio y no resistió la tentación de acostarse con sus amores “cinco minutos y ya”. Se acurrucó con su esposo un rato, se levantó, buscó su podcast favorito en el celular, se puso los audífonos y salió caminando hacia el gimnasio.

lunes, 22 de julio de 2019

Día 18 de #30díasdeescribirme: escribí acerca de la vez que rompiste un corazón / un hueso / una ley / una promesa


Un hueso roto
No he roto muchos corazones, al menos no que yo sepa. El que recuerdo con más dolor fue el de Andrés, un novio que tuve cuando viví en Estados Unidos. Fuimos novios durante cinco meses, período larguísimo para adolescentes de 16 años, y terminé la relación intempestivamente y de un día para otro. Como todos los sábados él fue a visitarme y sus ojos se llenaron de lágrimas cuando le conté que había tenido una discusión muy fuerte con los tíos con los que vivía y que me tenía que devolver a Venezuela. Lloró desconsoladamente, maldiciendo a mis tíos, implorándome que me quedara. Mi corazón también estaba roto, pero sentía que ya no podía estar más tiempo en esa casa.

Un hueso roto
“Cuidado, Tío” dijo Beto, mi primo, quien estaba sentado a mi lado en la Silverado cuando íbamos camino a Puerto La Cruz. Apenas alcancé a abrir los ojos y vi como inevitablemente nos íbamos contra una piedra enorme en el camino. La camioneta se salió de la carretera y calló por un barranco dando una, dos y tres vueltas. Debo haber perdido el conocimiento, porque nunca supe cómo, cuando desperté, estaba fuera del carro. Beto me tendió su mano para ayudarme a levantar y cuando me puse de pie sentí un dolor intenso en el tobillo izquierdo. “No puedo caminar, creo que me fracturé”, le dije a mi primo. “Tienes que caminar” me dijo señalando a mi papá quien estaba yacía inconsciente delante de una llama incipiente de fuego, “Esto va a explotar”.

Una ley rota
Entre los 16 y los 19 años estuve rompiendo la ley constantemente. No tenía carro, pero mi mamá me prestaba el carro cada vez que podía y yo lo manejaba sin licencia. A la universidad casi siempre, pero si tenía suerte y alguien me acompañaba de regreso a casa, me dejaba salir de fiesta con el carro. Varias veces manejé con algunos tragos de más, creo que rompí los faros del carro al menos dos veces y me di a la fuga, creo que como mi mamá es abogado, me sentía invencible y que no había aprieto del que ella no pudiera sacarme.

Una promesa rota
Cuando mi hermana apenas había muerto y su cuerpo aún estaba tibio, la abracé fuerte y le dije al oído “Te juro que siempre cuidaré a Norbert”. Esa promesa, una de las más importantes y más sentidas que he hecho, la rompí hace poco más de un año, cuando me vine a vivir a Chile y lo dejé a él en Venezuela. Lo sigo cuidando desde lejos, y velo porque no le falta nada, pero lo que él ahora más necesita es tenernos cerca y estamos lejos, muy lejos.

Día 17 de #30díasdeescribirme: escribí acerca de algo que no te gusta hacer


Lo que menos me gusta hacer es tomar decisiones, de cualquier tipo, desde elegir entre comer comida japonesa o comida callejera hasta escoger cuál es la mejor opción para el cuidado de mi hijo en las tardes.

Normalmente tengo bastante claro qué es lo que quiero, pero a pesar de esto tiendo a pensar mucho en los aspectos negativos de lo que quiero y en lo positivo de lo que estoy dejando de lado. Y entonces una especie de torbellino se estaciona en la boca de mi estómago cuando comienzo a imaginar qué podría pasar si elijo una opción incorrecta, ¿y si el pescado con el que hacen el sushi no está fresco?, ¿y si la niñera que contrate resulta ser una sociópata molestadora de niños? Y empiezo así a preferir la otra opción, la que no me dice el corazón, y repito el ciclo una y otra vez hasta que ya tengo el tiempo encima, cierro los ojos y hago un Tin Marín de dos Pingüé

Resulta para mí paradójico, siendo tan dominante como soy, que a veces desee tener a alguien que siempre tome decisiones por mí, que elija mi ropa, mis empleos, mis amistades, mis gustos, los sitios que visito, los gastos que hago y hasta la comida que como. Quizá ese alguien es el destino, ¿será que verdaderamente nuestra vida está escrita y que no importa lo que hagamos, el resultado siempre será el mismo?

Día 16 de #30díasdeescribirme: describí el clima de tu mundo imaginario

En mi mundo hay estaciones, cuatro y bien marcadas, sin temperaturas muy extremas, pero tan variables como para tener al menos dos juegos de guardarropa.

En verano hay temperaturas máximas de 33 grados, cielos azules y despejados y vientos suaves y constantes que hacen llevadero el calor.

Cuando entra el otoño las temperaturas caen  con mínimas de 9 grados y lluvias casi toda la estación, pero no cualquier lluvia, tormentas eléctricas que iluminan el cielo entero con rayos que dibujan figuras que nacen en el cielo y terminan en el mar, son un espectáculo que atraen miles de turistas cada año.

El invierno es frío, bastante frío, temperaturas mínimas de -12 grados y máximas de 14, pero el cielo está despejado y el solo brilla siempre para recordarnos que hay vida y que en la vida todo pasa. La nieve cubre las praderas de manera intermitente y algunos árboles se niegan a deshojar por completo dando un fuerte ejemplo de resiliencia.

La primavera es siempre perfecta, máximas de 23 grados y mínimas de 14 muy poca lluvia, nubes blancas como algodón con lloviznas intermitentes que llenan de color las praderas y los campos.

viernes, 19 de julio de 2019

Día 15 de #30díasdeescribirme: escribí acerca de un perro que haya formado parte de tu vida (y aprendé a recordar en imágenes)


Haz una lista de 10 perros que hayan estado en tu vida

1.       Tala
2.       Kenya
3.       Dana
4.       Pancho
5.       Golo
6.       Cuina
7.       Honey
8.       Khumba
9.       Cazón
10.   Romeo

Elige uno y responde las preguntas

-          ¿Dónde estás?
o   Estoy en mi casa en Venezuela
-          ¿Qué momento del día es?
o   Es de noche.
-          ¿Qué edad tienes?
o   23 años
-          ¿Por qué estás ahí?
o   Estoy llegando de estudiar en casa de Daniela
-          ¿Qué estás haciendo?
o   Entrando a mi casa
-          ¿Hay alguien que se acaba de ir o que puede estar por llegar?
o   No
-          ¿Cómo está la temperatura?
o   ¡Perfecta, como siempre en mi Caracas bonita!
-          ¿Qué objetos hay en la imagen?
o   Mi piano, la telefonera, portarretratos, muebles, mesas, plantas

¿Qué ves desde cada ángulo de la imagen?

Estoy en el medio del hall de entrada de mi apartamento en Caracas.

A mi derecha: a mi derecha está mi Piano vertical marca Gerbstadt, y encima de él portarretratos con fotos familiares.

A mi izquierda: Una telefonera de madera con un cojín.

Frente a mí: Tala, la sala, los muebles, mi hermana, Antonio y quizá Marcela.

Detrás de mí: la puerta de entrada de mi casa, un espejo.


Escribe durante 8 minutos acerca de la imagen en tiempo presente:

Estoy entrado a mi casa, llegando de estudiar en casa de Danielita. Ahí viene, una bolita chiquitita, blanca con negro que parece no caminar muy bien. Se ve torpe, no entiendo si salta o camina. Estoy viendo anonadada a mi hermana. No entiendo. Desde la sala mi Érika me sonríe con esa boca grandota, con esa sonrisa hermosa que muestra hasta los premolares. Está feliz porque me está sorprendiendo. En otro mueble de la sala está Antonio, sentado con piernas y brazos cruzados, una media sonrisa y su típica mirada sobrada que delata su ego sin límites. A su lado, Marcelita, todavía inocente, sonríe tan grande que sus ojos se vuelven una raya horizontal, está aplaudiendo de la alegría. Detrás de ellos la jardinera, llena de matas verdes, pero sin flores. Estamos todos felices, Marcela por vernos felices, Antonio porque siente que todas estamos felices gracias a él, pero mi hermana y yo estamos felices porque tenemos algo en común, no sabemos cómo haremos, pero amamos muchísimo a Tala, apenas llegó hoy, pero sabemos que en un rato nos sentaremos a hablar por horas de todo lo que haremos con y para ella.

jueves, 18 de julio de 2019

Día 14 de #30díasdeescribirme: escribí un evento de tu vida de atrás para adelante


Nos unimos los tres en un largo abrazo luego de tres largos meses separados. Minutos antes habíamos estado esperando la única maleta que me llegó, de las cuatro que chequeé en Venezuela. Estábamos cansados, el viaje fue una hora más largo de lo esperado. Horas antes estábamos estacionados en el aeropuerto de Lima, donde tuvimos que hacer una parada por combustible puesto que el avión no tenía la autonomía para hacer un vuelo directo. Así me habían informado unas 12 horas atrás cuando en La Guaira me despedía de mis papás y mis sobrinos sin saber cuándo volvería a verlos

miércoles, 17 de julio de 2019

Día 13 de #30diasdeescribirme: escribile una carta a tu yo del pasado


Estimada Eileen de 23 años,

Soy tu yo del futuro y te escribo estas líneas porque quisiera pedirte que hicieras dos cosas diferente a como las hice yo – o sea, tú – cuando tenía tu edad. Antes de decidirme a escribir me aseguré de que los consejos que te voy a dar no van a cambiar las cosas significativas que pasarán en tu vida los próximos doce años, porque mi presente no lo cambiaría por nada.

Lo primero que te quiero pedir es que no renuncies a Intergraph, sé que el dinero te parece ahora importante y que un aumento del 30-40% puede parecer una buena oportunidad, pero créeme, que a largo plazo te conviene más quedarte ahí, haciendo una carrera que te abrirá posibilidades dentro y fuera de Venezuela. Recientemente estuve un año sin trabajar, no te puedo contar por qué, pero me costó mucho conseguir trabajo nuevamente porque me di cuenta de que sé muy poco de muchas cosas, que no soy especialista en nada y cuando veo hacia atrás, el trabajo en el que me sentía más motivada y más intelectualmente retada fue en Intergraph. Así que, si decides confiar en mí, aguanta que probablemente te vaya mejor de lo que me ha ido a mí.

Otra cosa que me gustaría que hicieras diferente, o que simplemente hicieras, es que ahorres en dólares, los bolívares cada vez valdrán menos y tus posibilidades de independencia se irán cerrando. Viaja y aprovecha ese control de cambio, se más atrevida, si quieres cuéntale a Chris de esta carta, porque es muy probable que quiera convencerte de que es muy arriesgado.

Eileen, don´t get me wrong, soy muy feliz, pero mi camino ha sido atropellado y creo que estas dos cosas que te aconsejo pueden hacer que tu camino desde allá hasta acá sea más sencillo.

No tengo ni idea como funciona esto de viajar en el tiempo y comunicarse con su yo del pasado, no sé si al día siguiente de que leas esta carta amaneceré y tendré una base de ahorros más solidas y todavía estaré trabajando en Intergraph, o si, por el contrario, vivimos en mundos paralelos y yo seguiré mi vida con el pasado tal como lo conozco hoy.
Sé feliz, aférrate a Christian, es lo que me ha mantenido entera todo este tiempo.

Un abrazo.

Tu yo de 35 años.

martes, 16 de julio de 2019

Día 12 de #30diasdeescribirme: elegí un objeto de tu casa. Escribí su historia.


Mi casa tiene muy pocos objetos, hace poco más de un año nos mudamos de Caracas a Santiago de Chile y dejamos todo atrás. En este año hemos ido comprando, poco a poco, algunas cosas, pero por algun motivo no siento una conexión muy profunda con ninguno de los objetos de mi casa, casi todos son de mi hijo y hoy quisiera hablar de alguno que signifique algo para mí. Con la intención de continuar en mi práctica de escritura, elegí entonces describir a mi pañal de tela, un pedazo de trapo que me acompañó hasta mis 32 años.

No podría decir en qué momento llegó mi pañal a mi vida, porque desde que recuerdo él estaba ahí, doblado debajo de mi almohada para que, como cada noche, antes de dormir, lo tomara en mis manos, lo oliera profundamente, comenzara a pasarlo entre mis manos para moldearlo y hacer de él una bolita lisa, doblarlo en tantas mitades como pudiese y blandirlo de un lado a otro como pañuelo de mujer que se despide en el puerto de su amado para finalmente volver a olerlo profundamente y repetir todo el ritual hasta quedarme dormida.

Mi pañal ha tenido varias formas y colores, porque murió, fue al cielo y reencarnó varias veces, siempre volvió a mí. En su primera vida mi pañal era un rectángulo blanco y en sus lados más largos tenía flequillos que me pasaba por el borde de mis labios. Cuando era niña no comía nada, siempre estuve muy baja de peso, el desayuno que mi mamá me enviaba al colegio regresaba intacto, al llegar a la casa apenas provaba bocado, recuerdo que pasaba al menos una hora sentada en la mesa moviendo los granos de arroz de un lado del plato a otro para solo llevarme el cubierto a la boca cuando mi mamá se asomaba por la cocina vociferando que hasta que no comiera no me pararía de la mesa. Lo único que recuerdo haber tomado con gusto era mi tetero, mi Sustagén. Una fórmula con muchísimas vitaminas y minerales concentrados que mi mamá me daba en la mañana y en la noche para evitar que cayera en el rango de los niños desnutridos. Mi tetero lo sujetaba con una mano mientras con la otra agitaba Mi Pañal como una bandera de un lado a otro. A veces envolvía el tetero con Mi pañal para que se pusiera calentito y luego ponerlo junto a mi cara. Era feliz cuando tomaba tetero, era feliz con mi pañal.

Muy a pesar de mi mamá y de su empeño en que fuera una niña dura que no llorara, siempre me gustó el drama, lloraba – y lloro – muchísimo, por cualquier cosa, por dolor, por tristeza, por manipulación, porque mi hermana no me dejaba entrar en su cuarto o porque mi mamá no me compraba alguna muñeca de moda. Lloraba también por ira, especialmente cuando luego de cenar, me cepillaba los dientes, convencía a mi mamá de que me dejara dormir con ella en su cama, iba a mi cuarto a buscar a mi Pañal debajo de mi almohada y lo encontraba ahí, blanco, limpio e impoluto. “Mamáaaaaaaaaaaa, ¿por qué me lavaste mi pañal?” le preguntaba furiosa. Cada vez que lo lavaba, el agua arrebataba de mi pañal su esencia, su olor. “Porque estaba inmundo, Eileen. Y si te pones a llorar mucho, te lo echo a la basura”.

Mi Pañal sufrió su primer deceso cuando yo tenía unos once años. Una señora de servicio lo confundió con un trapo de limpieza y lo usó para restregar aceite de Teka sobre nuestra mesa de comedor. Asumí mi pérdida con dignidad, creo que no lloré, pero me costó mucho acostumbrarme a dormir sin Mi Pañal.

Deben haber pasado unos cinco o seis años antes de que Mi Pañal reencarnara en un nuevo cuerpo y volviera a mí. Esta vez tenía la misma forma, pero no era blanco, tenía pinticas azules y me lo dio mi tía María, era el trapito de los morochos y quiso regalármelo a mi porque olía muy rico, olía a sus bebés. Lo recibí feliz y como ya era una tarajalla, mi mamá ni intentó en evitar que lo tuviera. Ya estaba en la universidad, pero nuestro ritual era el mismo. Como si el tiempo no hubiese pasado Mi pañal volvió a jugar entre mis manos para hacer figuras lisitas que se sintieran suaves al pasarlas por mi cara, lo metía dentro de mi franela y lo dejaba reposar entre mis senos mientras veía televisión. Era feliz cuando estábamos juntos, en trance, y me importaba poco lo que dijera la gente acerca de nuestro reencuentro y de lo absurdo que era que hubiese adquirido de nuevo el “mal hábito” de tener un pañal.

Su segunda vida debe haber durado unos 5 años más, supongo que para esa época ya no los fabricaban igual, o quizá nuestros juegos ya no eran tan delicados como cuando tenía once años, porque esta vez yo misma enterré – eché a la basura - a mi pañal cuando empezó a deshilacharse y a desmembrarse. Esta despedida fue más llevadera, sabía que volvería a mí.

Y no me equivoqué, yo tenía unos veintiséis o veintisiete años cuando, luego de una o dos botellas de ron, le pedí a una amiga que me diera en adopción al pañal de su recién nacido hijo, Matías. Fue así como Mi Pañal y yo nos reencontramos una tercera vez, ya yo estaba graduada de la universidad y tenía novio, así que por primera vez le tocó compartirme con otro. Nuestros rituales se repetían como si aun tomara tetero, solo que ahora nuestro juego incluía fastidiar a mi novio, quien, a pesar de aceptar mi extraña posesión, me pedía que por favor lo mantuviera lejos de él.

La siguiente, y última despedida hasta ahora, ocurrió cuando ya tenía 32 años. Esta vez Mi pañal no estaba tan desgastado como en su vida anterior, pero su olor ya no me parecía tan agradable y además me convertí en mamá y comencé a ver a mi amigo como a un foco importante de gérmenes y bacterias para mi bebe. Me gustaría decir que hice algún tipo de ritual, pero la verdad nunca fui tan romántica, creo que lo eché de nuevo a la basura, porque me parecía muy doloroso usarlo como trapo para limpiar.

Hoy escribo esto y sonrío al pensar que quisiera que nos reencontráramos de nuevo.

lunes, 15 de julio de 2019

Día 11 #30díasdeescribirme: Empezá con “me acuerdo de”


  •          Me acuerdo de que el primer día de clases en mi colegio me puse la chemise al revés y mi mamá me explicó que, para ponérmelas bien, las tengo que colocar primero de “espaldas” a mí en la cama.
  •           Me acuerdo de que mi primer beso supo a chocolate y a mi no me gusta el chocolate
  •           Me acuerdo de la vez que Gaby pidió 300 Kg de queso paisa en el auto mercado
  •           Me acuerdo del olor de mi hermana durante sus últimos días, no se podía bañar a diario y tenía un olor un poco rancio.
  •           Recuerdo el día que mi papá se volvió loco y amenazó a mi mamá con una pistola, yo dormía en mi cuarto y escuché un murmullo furioso cuando mi mamá le abrió la puerta.
  •           Recuerdo también el día que le fue a pedir perdón de rodillas y ella lo perdonó.
  •           Me acuerdo de que, como regalo de despedida, Sarina me regaló muchas polvorosas.
  •           Me acuerdo de la primera vez que vi a Michelle en el Madre Matilde
  •           Me acuerdo de que la primera vez que besé a Nicolás estaba lleno de esa grasita blanca.
  •           Me acuerdo la primera vez que Christian y yo nos besamos, fue frente a su casa y estábamos en el Ford Fiesta blanco de mi hermana.
  •           Recuerdo la primera vez que hice el amor con Chris, fue en casa de Ricardo en Santa Paula.
  •           Recuerdo que salí corriendo a recibir a Anita en el pasillo cuando me vino a visitar a Chile.
  •           Recuerdo cuando el Dr. Salomón me dijo en su oficina fría y oscura a mi hermana le quedaban días de vida, nunca sentí un dolor tan grande.
  •           No me acuerdo de todas las comidas que cominos en St. Kitts.
  •           Me acuerdo de que Norbert corrió a despedirse de mi en Maiquetía cuando estaba a punto de ingresar.
  •           Me acuerdo el día que mi tío Juan Carlos se llevó a Norbert por unos días y lo fuimos a visitar en casa de mi abuela Lulú
  •           Me acuerdo lo perdida e incompleta que me sentía antes de enamorarme de Chris.


domingo, 14 de julio de 2019

Día 10 de #30díasdeescribirme: escribí el anuncio de un producto o servicio que te gustaría que existiera


Ya no tendrás que recordar cada semana recargar tu tarjeta de transporte, tampoco tendrás que hacer largas filas frente a las boleterías. Con la BIP tarifa plana haz un solo pago al mes y obtén viajes ilimitados durante ese período. Es fácil, es rápido y es conveniente.

sábado, 13 de julio de 2019

Día 9 de #30diasdeescribirme: escribí acerca de la primera vez que viste a una persona de la que te enamoraste


La primera vez que lo vi caminaba sobre el puente que unía al edificio de Mecánica y Urbanismo con la Biblioteca Central de la Universidad Simón Bolívar. El día estaba precioso, como el noventa por ciento de los días de mi Caracas natal. El cielo era azul claro, como los cielos perfectos intentaba colorear con mis torpes manos en preescolar, con unas nubes que se asomaban por allí y por allá, esponjosas como las que agarra Jasmín cuando vuela sobre la alformbra mágica con Aladdin. La verdad no recuerdo si el sol se veía, pero su calor se sentía suave mi rostro y sobre el de Oscar que caminaba conmigo mientras nos reíamos de alguna de las mil cosas que nos hacían reir a diario.

No recuerdo si íbamos o veníamos de la biblioteca, pero en algún lugar entre el cromovegetal al que no podía bajar si de verdad quería graduarme y el jardín inmenso que nos separaba de la calle inglesa lo vi. De una altura promedio, de contextura delgada, nariz grande, cabellos alborotados y la sonrisa más honesta que jamás había visto. Saludó a Oscar con un abrazo afectuoso, volteó a verme y me sonrió por cortesía, no hubo apretón de manos ni mucho menos un beso en la mejilla, pero me quedé ahí oyendo sin escuchar lo que Óscar y él hablaban. Mientras lo hacía, yo me deleitaba con su carisma, con su risa sincera y con los rizos que de inmediato me hicieron pensar en el pajarito de Snoopi. Algo en él me halaba, como hala el imán al metal y como el sol atrae a la tierra. Sonrió todo el rato que estuvieron ahí y Oscar reía como reía conmigo, quizá un poco más. No sé si pasaron 2 minutos o 10, creo que ni siquiera supe su nombre, pero apenas se fue, lo primero que me dijo Oscar fue: “No, no tiene novia”. Mi amigo me conocía muy bien, Christian me gusto desde la primera vez que lo vi, pasó mucho tiempo antes de que algo pasara entre nosotros, pero me gusta creer que la vida nos dejó enamorarnos de otros y conocer la desilusión para que pudiéramos apreciar y reconocer el amor bueno, el bonito, el de verdad. El que es para siempre.

viernes, 12 de julio de 2019

Día 8 de #30díasdeescribirme: buscá una foto en un cajón y escribí lo que está pasando fuera del cuadro.


En momentos de poca actividad en el trabajo estaba revisando las fotos en mi celular y una llamó mi atención, El Potrico caminando de la mano de un tío que lo adora, con su cabello liso, sus ojitos chinos y su lengüita juguetona. Al fondo, la Peke sonriendo grande. El cuadro de la foto es bello, me atrapó durante varios minutos tratando de adivinar lo que pasaba por la cabeza de cada quién, pero de repente me descubrí imaginando lo que pasaba fuera del cuadro, decidí escribirlo para no olvidarlo.
La foto la tomó el Infe, la cara de diversión con la que El Potrico ve a la cámara me hace suponerlo. Mientras tomaba la foto su corazón sonreía lleno de alegría porque su hijo, lo que él más ama en este mundo, estaba empezando a fabricar recuerdos con personas que han sido tan importantes en su vida. Le parecía un sueño que su hijo caminara de la mano de su padrino de bodas y se llenaba de alegría al pensar que, si algún día Chuky tiene hijos, la amistad podría trascender en el tiempo, de una generación a otra.
Sentadas en el mueble, al lado derecho de la foto, estaban Bebel y Daniela abrazadas diciéndose, sin hablar, la alegría que sentían por estar juntas. Las imagino a ambas tratando de organizar en su mente todas las cosas que se querían contar. Bebel quería hablar del parto y de lo fácil que le pareció, de lo que sintió cuando supo que su hijo tenía Síndrome de Down, lo mucho que extrañaba la playa y el alivio que sentía a ver como El Potrico avanzaba a pasos agigantados. Daniela, por su parte, quería contarle lo dolorosa que fue su pérdida, lo que mucho sufrió al ver sufrir a Chuky con la muerte de su suegro, lo feliz que estaba de haber escapado de Venezuela y de lo gratificante que era para ella ejercer en un país donde podía ofrecer las mejores alternativas para sus pacientes.
Fuera del apartamento el día estaba espléndido, mucho sol y pocas nubes. Las playas mallorquinas esperaban a esos amigos que el tiempo y la vida han convertido hermanos.




jueves, 11 de julio de 2019

Día 7 de #30díasdeescribirme: escribí una historia en seis palabras

  • Luchó ferozmente y el cáncer ganó

  • Nueve meses antes nos amamos locamente

  • Se cansó del hastío. Encontró amor

  • Salimos del confort y encontramos felicidad

  • Antes de engañar, confesó. Casi murió

  • Él se negaba, pero ella insistió.

  • Cerveza no, limón. Mariale y yo

miércoles, 10 de julio de 2019

Día 5 de #30díasdeescribirme: Escribí el último sueño que recuerdes


La verdad no sé cuál fue el último sueño que tuve, pero el último que recuerdo es de hace poco menos de una semana. Soñé con un terremoto, uno fuerte, no podía mantenerme de pie. Desde que llegué a Chile, el mensaje de los chilenos siempre ha es el mismo: “No te preocupes, siempre que puedas mantenerte de pie durante el temblor, todo está bien”. En el sueño no podía estar parada sin caerme, me bajé de la cama y caminaba siempre sujeta del colchón mientras veía el bombillo sin lámpara de mi cuarto moverse de un lado a otro. El brutal meneo de la tierra estaba armonizado con un rugido de la tierra y en medio del vaivén pensé: “ruge más fuerte si quieres, pero deja de moverte, porfi”. Como pude, llegué al pasillo de mi apartamento y con una mano en cada pared avancé lento hasta la sala. 
-          ¿Cuánto tiempo lleva temblando? – Me pregunté.
La movedera no paraba, el cristal de las copas y las botellas de vino chinchineaban dentro de los gabinetes de la cocina, la puerta de la nevera se abría y se cerraba a capricho mientras los tupper con comida que tenían más de una semana ahí dentro de salían disparados hacia el piso, el televisor hacía equilibrio como acróbata de circo para no caerse de la mesa y el cubo que hizo Nico con palillos y plastilina dio brinquitos en la mesa de centro hasta caer esparramado sobra la alfombra recién aspirada. Agradecí estar en el piso 24, “La caída será más larga, pero al menos caeré encima de los otros 23 pisos”, pensé. Volteé a la ventana de la sala vi los edificios vecinos moverse como palmeras en tormenta tropical, entré en pánico de solo pensar que quizá el mío se estaba moviendo igual. “¡Ajá!” pensé, “Estoy soñando, estos edificios no existen en la realidad, el arquitecto de mi sueño se echó tremendo pelón”.
Desperté sin sobresalto y abracé a mi hijo que, como todas las madrugadas, se había escabullido desde su cama a la mía.

martes, 9 de julio de 2019

Día 6 #30díasdeescribirme: escribí tu pesadilla recurrente


Mi pesadilla recurrente es muy cliché, pero corresponde perfectamente con uno de mis mayores miedos. Constantemente sueño que entran al sitio donde estoy a robarnos y a secuestrarnos. En los sueños yo siempre alcanzo a esconderme en algún sitio, pero escucho los gritos de las demás personas afuera, tanto de las víctimas como de los victimarios. Gritos, golpes, improperios. Los maleantes gritan para amedrentar demandando cosas de valor: joyas, efectivo, llaves de los carros y amenazan con lastimar, casi siempre a las mujeres. Desde mi escondite, que siempre es un sitio pequeño en el que entro sólo de cuclillas, en algún momento identifico que estoy en un sueño y aprieto los ojos para intentar despertarme, muy pocas veces lo logro. El sueño continúa por un tiempo más y yo me debato entre salir a ayudar, sabiendo que es un sueño, o que quedarme en mi lugar seguro, por si acaso no lo es. El sueño termina como todos, de repente y de manera incoherente, y cuando despierto siempre me cuestiono si debí salir a ayudar a mis compañeros de sueño o si hice bien en asegurarme yo.
Por esos sueños, cada vez que llego a un lugar nuevo identifico de inmediato un lugar seguro, donde pueda resguardarme en caso de algún evento criminal.

lunes, 8 de julio de 2019

Día 4 #30diasdeescribirme: exponé una de tus obsesiones


La crianza de mi hijo es mi mayor obsesión. Sin temor a sentirme juzgada por las mujeres progresistas y empoderadas, afirmo que nací para ser mamá. Soy una mamá que trabaja, pero si pudiera, me dedicaría de manera exclusiva a ser mamá. Intento criar a mi hijo de la manera más independiente posible y que a la vez sienta que siempre puede contar con nosotros, sus padres. Intentar ser esa mano invisible que lo lleva por un camino para que luego pueda volar solo con la seguridad que siempre puede volver a casa a celebrar sus logros o a enjuagar sus lágrimas. Mi obra para el museo de obsesiones sería una serie de pinturas, llenas color, donde mi hijo apareciera aprendiendo, triunfando y fracasando. En cada pintura estaría él en primer plano y nosotros detrás, en algunas muy cerca y en otras no tanto, pero siempre ahí, presentes.

domingo, 7 de julio de 2019

Día 3 de #30díasdeescribirme: desde donde estás sentado, escribí diez cosas a las que no les habías prestado atención.


1.       En la esquina de mi cuarto hay dos maletas desde hace dos semanas, y se han convertido en ropero. Christian, mi esposo, las dejó ahí luego de sacar su ropa de verano para irse a España a realizar un trámite. Pude haberlas bajado, pero en cambio preferí ir colocando ropa, sucia y limpia encima.
2.       En línea con el desorden en el que se ha convertido mi cuarto, encima de mi cama, desde donde escribo, hay: un pantalón que usé ayer, el sostenedor viejo y roído que usé hace dos noches para dormir, un robot rojo y enorme de mi hijo, la bolsa clic donde guardaba el efectivo cuando recién llegamos a chile y no teníamos cuenta en algún banco, la media que se quitó mi hijo hace dos noches mientras dormía.
3.       Desde aquí puedo ver el grifo de mi bañera. Está sucio y lo sé desde que me mudé, hace mes y medio. Pensé que era un asco que los antiguos inquilinos la tuviera así, pero heme aquí, viendo el mismo grifo mes y medio más sucio.
4.       En mi baño hay una rejilla que no había visto, me preguntó para qué es: ¿ventilación?, ¿drenaje? La rejilla también está sucia.
5.       En mi cuarto hay tres puertas, sin contar los ventanales. De pronto quise saber cuántas puertas hay en mi casa:
a.       20 puertas abatibles: 3 en mi cuarto, la del baño de Nico, la del cuarto de Nico, la de la entrada, 10 en los gabinetes de la cocina y 4 en los gabinetes de los baños.
b.       2 puertas corredizas del closet del pasillo.
6.       Dos de los pasadores de las bisagras de la puerta de mi baño están un poco salidos, quizá por eso la puerta no se mantiene abierta al 100%
7.       El marco de la puerta del baño tiene arriba una marca que parece ser consecuencia de algo que roza con la puerta, quizá por eso la puerta no cierra al 100%. Me acabo de dar cuenta que esa puerta no sirve mucho.
8.       La puerta de mi closet tiene una cerradura y yo no tengo la llave. Me pregunto si la del cuarto de Nico será igual. Tengo que hablar con Eduardo
9.       Estoy en el piso 24, y aun así puedo escuchar el ruido de la calle, carros pasar, perros ladrar, motores de moto rugir. Se me arruga el corazón y hago puchero recordando el camión de las verduras de mi casa: “Lleve el plátano a tres por mil, aló?. La piña, fresca y jugosa, llévela por dos mil”
10.   Mi hijo está viendo Karate kid en la sala mientras juega carta con su abuela. Los escucho porque acá desde mi cuarto se escucha todo.

sábado, 6 de julio de 2019

Día 2 de #30díasdeescribirme: Escribe un fragmento de tu autobiografía y mentí en algunas cosas

El último año de bachillerato lo viví intensamente, fui egoísta y decidí pensar poco acerca de lo que pasaba en mi casa. Mis padres se habían separado el año anterior porque mi mamá finalmente se dio cuenta que podía conseguir a alguien que le hiciera sentir lo que mi papá alguna vez le hizo sentir y además de eso, mi hermana fue diagnosticada con cáncer de mama apenas seis meses antes de mi graduación.

Me cuesta recordar lo que sentía por la enfermedad de Erika, no le di la importancia que debía, en mi inmadurez y egoísmo pensé que no era necesario preocuparse, que ya ella estaba recibiendo su tratamiento y que se curaría. Preferí ignorar las caras largas de preocupación de mi mamá y asistir a cada fiesta, a cada verbena, a cada reunión y a cualquier otro bochinche que organizábamos con la excusa de que en pocos meses nos graduaríamos y había que aprovechar al máximo el tiempo con las amigas. Ya habría tiempo para compartir con Érika. Si tan solo hubiera sabido...

Mi mamá por su parte distribuía su atención entre mi hermana y las discusiones con mi papá; mientras mi insolencia crecía y crecía con la intención de tratar de tener al menos un poco de su tiempo. Pero no lo logré, yo estaba sana, y con garantizar que comiera y estudiara era suficiente para ella. Me dolía mucho su falta de atención, pero en el fondo entendía sus razones y antes de sentarme con el corazón en la mano y explicarle lo que sentía, preferí pasar fines de semana enteros en casa de Maria Alejandra, mi hermana elegida, la que me entendía sin yo explicarle, la que leía mi mente y me permitía leer la suya. Maria Alejandra y yo teníamos conversaciones en silencio, nos abrazábamos sin hacerlo y me entendía cuando ni yo misma podía hacerlo. Su amistad salvó mi vida.

Por alguna razón que desconozco, me eligieron para dar el discurso de graduación, pasé varias semanas escribiéndolo y cuando se lo entregué a Sor María del Carmen para que me diera su aprobación, me dijo que estaba muy largo, que debía reducirlo al menos a la mitad. Lo intenté, pero no quería quitarle ni una letra a lo que había escrito, así que el día de la graduación le entregué a ella una versión corta y cuando me subí a la tarima leí la versión original, par de hojas tamaño carta escritas por delante y por detrás. Muchos me felicitaron y me dijeron que los hice llorar, pero yo solo recuerdo cuando mi hermana me dijo, años después, que a ella ni la nombré.

Mi último año de colegio lo viví intensamente, al igual que muchas de mis amigas. Pero ellas lo hacían por la euforia de cerrar una etapa, yo lo hice para escapar de la adultez que estaba empeñada en llegar a mi vida antes de tiempo.

viernes, 5 de julio de 2019

Día 1 de #30díasdeescribirme: Escribe acerca de por qué escribes

Escribo porque creo que escribir es lo único creativo que se me da (medianamente bien). Llené algunos diarios durante algunos años, para drenar un poco lo incomprendida que me sentía en la adolescencia, pero dejé de hacerlo y poco antes de venirme a vivir a Chile, los boté todos.

Llegué a Chile desesperada por salir de una realidad asfixiante en Venezuela, me vine con mi hijo y mi esposo, y durante un año entero estuve de sabático forzoso, un poco por temas migratorios, un poco porque tenía que cuidar a mi hijo que aun no empezaba en el colegio y un poco porque de verdad no quería. Luego de cinco meses de ser ama de casa y mamá a dedicación exclusiva, empecé a sentirme asfixiada necesitaba hacer algo por mi y para mi. En uno de los días más grises, como caída del cielo, me escribió Andreína, una amiga de la universidad que en sus tiempos libres hace cursos de escritura y ha escrito algunas cosillas por aquí y por allá. No recuerdo por qué, pero le conté que tenía ganas de escribir y me regaló un curso de creatividad en línea que estaban dictando unas chicas con las que ella ya había hecho talleres y en una de nuestras conversaciones contó acerca de NaNoWriMo, y me animé a escribir una novela de cincuenta mil palabras en 30 días. Y así empezó la magia.

El tema del libro puede ser material para otra entrada en este blog, porque lo que quiero contar es que escribo porque me gustó como me sentí durante ese mes, fui capaz de crear una historia, de modelar personajes y de escribir emociones. Me gustó mucho darme cuenta de mi capacidad de aislarme de lo que pasa a mi alrededor cuando escribo. Me gusta quien soy cuando estoy escribiendo.

Lo que escribo no me encanta y me muero de vergüenza solo por pensar en ser leída, pero me gusta lo que siento al escribir y la facilidad con la que las palabras salen de mis dedos. Escribo porque quiero saber qué tan buena puedo ser y hasta donde mi mente es capaz de volar.

Escribo porque me gusta y sé que me gusta gracias a ti, Peke.

30 Días de escribir.me

Hace casi un año, animada por una muy buena amiga, comencé a escribir un libro en 30 días y me uní al movimiento NaNoWriMo. Durante todo noviembre me senté frente a mi computador, una máquina que compré hace 12 años, que tarda al menos 10 minutos en arrancar y que no me la puedo poner en las piernas porque se calienta y me quema, a completar un libro que empezó a escribir mi hermana para contar su historia y que no terminó porque el Cáncer le robó la vida.

Más de 6 meses después de completar el reto, y luego de tener un año viviendo en Chile, mi sabático forzoso terminó y empecé a trabajar en una prestigiosa Firma de Servicios de Auditoría, Financieros y Tributarios. La verdad es que el trabajo hasta ahora ha sido escaso, y creo que paso al menos el 60% del tiempo desocupada. Antes de angustiarme y sentir que me quemo en un sitio donde no aprovechan al máximo mi pontencial, decidí aprovechar el tiempo libre para retomar algo que me hizo sentir tan bien, la escritura.

Curioseé el blog de una chica que me encanta y conseguí un reto de 30 días de escritura. Me voy a unir con toda la intención de completarlo y ver si retomo el hábito de escribir, no tengo intención de convertirme en escritora ni de publicar lo que escribo, pero ¿saben qué? ¡Lo más probable es que quién sabe!