Nos unimos los tres en un largo
abrazo luego de tres largos meses separados. Minutos antes habíamos estado
esperando la única maleta que me llegó, de las cuatro que chequeé en Venezuela.
Estábamos cansados, el viaje fue una hora más largo de lo esperado. Horas antes
estábamos estacionados en el aeropuerto de Lima, donde tuvimos que hacer una
parada por combustible puesto que el avión no tenía la autonomía para hacer un
vuelo directo. Así me habían informado unas 12 horas atrás cuando en La Guaira
me despedía de mis papás y mis sobrinos sin saber cuándo volvería a verlos
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