lunes, 29 de julio de 2019

Día 24 de #30díasdeescribirme: escribile a alguien que ya no está


Mi bellísima y coqueta Abuela Lulú,
Te fuiste de repente y no recuerdo la última vez que te vi viva. mi mente traicionera eligió recordad, en cambio, la imagen de tu cuerpo inerte en el sofá incomodísimo de tu casa. Me avisó mi Tía Mary “tu abuela está muy mal” me dijo, pero creo que cuando me llamó ya sabía que habías muerto. Llegué a tu casa y me abrió la puerta mi hermana, en planta baja. Fue seca, sin mucho sentimiento, te había visto morir y supongo que no quería decírmelo.
Desde que te fuiste han pasado muchísimas cosas, la verdad es que siento que tu familia se ha desmoronado y eso me provoca una inmensa tristeza. Nació el hijo de mi tío Juan Carlos, y desde que tiene 8 meses el bebé vive con mi mamá. Ha sido una batalla sinfín entre nosotros y mi tío, secundado por mi tía Zuli. Sé que, si aun vivieras, esto te haría sufrir muchísimo y seguramente tomarías el lado de mi tío. Pero te juro que Norbert está mejor con nosotros, mi tío no está en la capacidad de cuidarlo, está ciego de orgullo y de soberbia.
Norbert tiene ya casi 8 años, es el niño más dulce que conozco y poco antes de los dos años, eligió a Érika como mamá. Y te digo que la eligió, porque nunca fue nuestra intención que eso pasara. Él solito, de repente, comenzó a decirle Mamá. Norbert está bien, y me gusta pensar que es feliz, aun cuando se empieza a perturbar por las batallas a su alrededor. En su cortita vida ha tenido que sufrir mucho, cuando tan solo tenía 4 años murió Érika y se quedó sin su mami, la que nadie le impuso, la que él escogió. Su mami de corazón. Desde entonces mi mamá ha estado haciendo una labor impecable de crianza, es muy admirable como, con edad de ser abuela, ha vuelto a ser mamá. Eso me hace amarla cada vez más.
La muerte de Érika nos golpeó a todos profundamente. Su último año de vida fue un año sumamente oscuro para todos, vimos como su salud fue disminuyendo y como su vida se nos escapaba de las manos. Ella, en cambio, no perdió la fuerza, luchó hasta su último aliento. Por muy desgarrador que fue verla lanzado bocanadas para tratar de que el aire llegara a sus pulmones, resultó verdaderamente admirable ver como no se rindió aun cuando sabía no podía ganar la pelea. La lloramos muchísimo, yo aun la lloro y creo que la lloraré toda mi vida. No supero su partida y dudo poder hacerlo nunca, tan solo me he ido acostumbrando a vivir con este dolor agudo que me adormece el cuerpo cada vez que la pienso.
Buena parte de tus nietos vivimos ahora fuera de Venezuela. El chavismo nos corrió a toditos. Simón Alberto vive en Valencia (España), Alejandro y Beto viven en Estados Unidos, Raúl vive en Londres, Sami en Barcelona (España) y yo en Chile. Estamos regados por el mundo, pero la tecnología nos mantiene más o menos unidos. En Venezuela quedan Carol, Heidy, Alvaro José, las dos nenas menores de mi tío Álvaro, Norbert y Antonio.
Tuve un hijo, abuela. Se llama Nicolás y sonrío cada vez que pienso lo mucho que lo querrías y lo babeada que estarías por él. Es un catire hermoso, inteligente y ocurrente, se ha adaptado muy bien al cambio de país y me invita cada día a ser una mejor persona. Christian y yo estamos bien, felices, creciendo, venciendo juntos cada obstáculo que se nos presenta y celebrando cada meta alcanzada.
¡Soy feliz, abuela! Soy muy feliz. Hay cosas que ensombrecen mi alegría, pero trato de dejarlas a un lado y ver las cosas buenas que me ha dado la vida.
Tú, ¿cómo has estado? ¿Te encontraste con mi hermana?
¡Te amo mucho!

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