Mi bellísima y coqueta Abuela Lulú,
Te fuiste de repente y no
recuerdo la última vez que te vi viva. mi mente traicionera eligió recordad, en
cambio, la imagen de tu cuerpo inerte en el sofá incomodísimo de tu casa. Me
avisó mi Tía Mary “tu abuela está muy mal” me dijo, pero creo que cuando me
llamó ya sabía que habías muerto. Llegué a tu casa y me abrió la puerta mi
hermana, en planta baja. Fue seca, sin mucho sentimiento, te había visto morir
y supongo que no quería decírmelo.
Desde que te fuiste han pasado
muchísimas cosas, la verdad es que siento que tu familia se ha desmoronado y
eso me provoca una inmensa tristeza. Nació el hijo de mi tío Juan Carlos, y desde
que tiene 8 meses el bebé vive con mi mamá. Ha sido una batalla sinfín entre
nosotros y mi tío, secundado por mi tía Zuli. Sé que, si aun vivieras, esto te
haría sufrir muchísimo y seguramente tomarías el lado de mi tío. Pero te juro
que Norbert está mejor con nosotros, mi tío no está en la capacidad de
cuidarlo, está ciego de orgullo y de soberbia.
Norbert tiene ya casi 8 años, es
el niño más dulce que conozco y poco antes de los dos años, eligió a Érika como
mamá. Y te digo que la eligió, porque nunca fue nuestra intención que eso
pasara. Él solito, de repente, comenzó a decirle Mamá. Norbert está bien, y me
gusta pensar que es feliz, aun cuando se empieza a perturbar por las batallas a
su alrededor. En su cortita vida ha tenido que sufrir mucho, cuando tan solo
tenía 4 años murió Érika y se quedó sin su mami, la que nadie le impuso, la que
él escogió. Su mami de corazón. Desde entonces mi mamá ha estado haciendo una
labor impecable de crianza, es muy admirable como, con edad de ser abuela, ha
vuelto a ser mamá. Eso me hace amarla cada vez más.
La muerte de Érika nos golpeó a
todos profundamente. Su último año de vida fue un año sumamente oscuro para
todos, vimos como su salud fue disminuyendo y como su vida se nos escapaba de
las manos. Ella, en cambio, no perdió la fuerza, luchó hasta su último aliento.
Por muy desgarrador que fue verla lanzado bocanadas para tratar de que el aire
llegara a sus pulmones, resultó verdaderamente admirable ver como no se rindió
aun cuando sabía no podía ganar la pelea. La lloramos muchísimo, yo aun la lloro
y creo que la lloraré toda mi vida. No supero su partida y dudo poder hacerlo
nunca, tan solo me he ido acostumbrando a vivir con este dolor agudo que me
adormece el cuerpo cada vez que la pienso.
Buena parte de tus nietos vivimos
ahora fuera de Venezuela. El chavismo nos corrió a toditos. Simón Alberto vive
en Valencia (España), Alejandro y Beto viven en Estados Unidos, Raúl vive en
Londres, Sami en Barcelona (España) y yo en Chile. Estamos regados por el mundo,
pero la tecnología nos mantiene más o menos unidos. En Venezuela quedan Carol, Heidy,
Alvaro José, las dos nenas menores de mi tío Álvaro, Norbert y Antonio.
Tuve un hijo, abuela. Se llama
Nicolás y sonrío cada vez que pienso lo mucho que lo querrías y lo babeada que
estarías por él. Es un catire hermoso, inteligente y ocurrente, se ha adaptado
muy bien al cambio de país y me invita cada día a ser una mejor persona.
Christian y yo estamos bien, felices, creciendo, venciendo juntos cada
obstáculo que se nos presenta y celebrando cada meta alcanzada.
¡Soy feliz, abuela! Soy muy
feliz. Hay cosas que ensombrecen mi alegría, pero trato de dejarlas a un lado y
ver las cosas buenas que me ha dado la vida.
Tú, ¿cómo has estado? ¿Te
encontraste con mi hermana?
¡Te amo mucho!
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