martes, 30 de julio de 2019

Día 25 de #30díasdeescribirme: escribí acerca de un tema del que no tenés ni idea. Inventá todo.


La fabricación de la témpera es un proceso sencillo, pero sumamente costoso ya que para conseguir los colores es necesario entrar a un mundo desconocido a través de un portal que se abre cada cuarenta y siete mil quinientos ochenta segundos en algún lugar de la selva amazónica venezolana.
Para entrar al mundo desconocido no basta con estar en el lugar indicado en el momento indicado. Los Recolectores de Colores deben ser personas que recientemente hayan pasado por una gran desilusión y que al momento de cruzar sientan un inmenso dolor. Los fabricantes de témpera pagan millones de dólares a los hospitales psiquiátricos para obtener las bases de datos de los pacientes y poder así seleccionar a los recolectores.
Al cruzar el portal el recolector entra a un mundo con más colores que la fábrica e Willy Wonka, en la entrada del mundo desconocido lo primero que debe hacer es pasar por la taquilla de bienvenida y retirar una lista de 13 colores requeridos y una tarjeta con dos instrucciones. La primera le indica al recolector tendrá una semana para conseguir árboles cuyas hojas sean de algún color de la lista y sentarse bajo su sombra a leer algunos de los libros que le entreguen las ardillas mágicas que habitan en las ramas de cada árbol, el recolector no lo sabe, pero en cada libro hay mensajes importantes que lo ayudará a superar la crisis que está atravesando. Y la segunda instrucción le indica al recolector que bajo ningún concepto debe llorar.
Una vez transcurrida la semana el recolector debe dirigirse al Cuarto Arcoíris, una habitación con vista panorámica a todo el mundo desconocido donde podrá sentarse a escribir acerca de sus pesares y de lo que ha aprendido durante su semana de recolección. Junto a la ventana hay un escritorio de cristal y una libreta de hojas. En la primera página se lee la última instrucción: “A partir de este momento usted puede llorar, recoja sus lágrimas en los recipientes que se encuentran junto a la ventana”.
Algunos recolectores tardan más que otros, pero todos lloran y sus lágrimas son de colores, del color de cada árbol en el que se sentó a leer.
Es así como se fabrica la témpera, curando almas.

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